«En su momento, en 2013, ya dimos unas pinceladas sobre por qué el denominado «movimiento de liberación palestino» no ha alcanzado sus objetivos principales, sino que, lejos de ello, ha ido rebajando su programa hasta ceder la propia soberanía del pueblo palestino a su opresor: el imperialismo israelí. Aquí, explicamos cómo la famosa vanguardia del movimiento, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), o su alternativa, Hamás, han ido incurriendo en toda una serie de concepciones contraproducentes para los intereses del pueblo palestino. Las organizaciones vinculadas al movimiento de liberación palestino, desde la más moderada hasta la más radical, han estado imbuidas en mayor o menor medida por nociones nacionalistas y religiosas, no sabiendo elegir correctamente una metodología a seguir, ni focalizar correctamente las fuerzas motrices o los aliados internacionales para lograr sus propósitos. Véase la obra «¿Para qué han servido los Acuerdos de Oslo? Reflexiones sobre el conflicto palestino-israelí» (2013).
A todo esto, convendría dar unas notas históricas y aclarar, fuera de especulaciones, cuál fue la posición de los comunistas ante la ocupación israelí, aunque cualquiera con algo de conocimiento sobre cuestión nacional debería saber resolver este interrogante.
1) Primero que todo, el tan cacareado «sionismo» ha sido un movimiento político de larga data que logró incrustarse en los círculos más reaccionarios, chovinistas y racistas del judaísmo. Su fin siempre ha sido adueñarse del territorio de Palestina y fundar su propio Estado eliminando a su contraparte, la población árabe y musulmana. Como ya anunció Karl Kautsky en una de sus varias reflexiones sobre el tema:
«El sionismo no es un movimiento progresista, sino un movimiento reaccionario. (...) El sionismo niega el derecho a la autodeterminación de las naciones, en lugar de lo cual proclama la doctrina de los derechos históricos, que hoy se derrumba en todas partes, incluso allí donde cuenta con el apoyo de las mayores potencias». (Karl Kautsky; ¿Son los judíos una raza?, 1914)
Históricamente, esta rama nacionalista y de fundamentalismo religioso ha intentado ligarse, al igual que muchos movimientos árabes, a la potencia mundial que más rápidamente y mejores medios proporcionara para tal fin: fuese el Imperio otomano, Segundo imperio alemán o el Imperio británico, como luego observaremos. Esta ideología responde a la pasada y actual política de Israel desde su fundación; y como todos sabemos, el Estado de Israel obtuvo muy pronto apoyo diplomático, económico y militar de los Estados Unidos que los ha llevado a una «simbiosis» en donde ambos se tapan sus crímenes imperialistas cometidos con complicidad.
Dicho esto, se han de comprender varios elementos:
a) Al contrario de lo que expresa la propaganda, el sionismo es una teoría cristiano-protestante que se funda en la idea de la creación de una etnia ligada al judaísmo, es decir, «el judaísmo deja de ser entendido como una religión para ser entendido como una etnia»; y tiene por objeto depositar a los judíos en lo que entiende como «tierra santa» con el fin de preparar la segunda venida del «Cristo».
El sionismo tuvo entre sus objetivos primarios crear una suerte de identidad, un pueblo judío, que según sus conceptos desciende directamente del pueblo hebreo establecido en la Provincia Romana de Palestina, con lo que en efecto borran, o intentan borrar, la evidencia histórica que indica que el judaísmo es una religión profesada por un conjunto de pueblos de diferentes orígenes producto de la expansión del judaísmo como religión, y no por la expansión de los hebreos palestinos como pueblo. Para justificar esta idea, apelan a supuestas deportaciones durante el Imperio romano, lo cual es históricamente falso o mejor dicho inexacto; ya que la evidencia histórica indica que tales deportaciones de judíos hebreos no fue absoluta, ya que muchos judíos hebreos permanecieron en Palestina, y mientras unos fueron asimilados por los sucesivos imperios que conquistaron la región, otros no.
Ya en varios de sus estudios sobre la cuestión judía Karl Kautsky desmontó la idea de que estos eran un pueblo basado en una etnia:
«Cuán poco la nacionalidad se funda en la ascendencia se percibe ya en el hecho de que es posible que una nación se componga de miembros pertenecientes no sólo a pueblos diversos, sino incluso a distintas razas. En la nación húngara encontramos «arios», «semitas» y «mogoles». La nacionalidad judía, de rasgos aparentemente tan pronunciados, ostenta los más variados tipos: incluso la sangre negra se encuentra representada en ella». (Karl Kautsky; La nacionalidad moderna, 1887)
En tanto, se puede y debe afirmar que los actuales palestinos son los descendientes de los hebreos y no tanto el producto de los judíos sionistas emigrados tras la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Otro punto importante, sería la negación del sionismo de que muchos judíos no tengan relación directa con el pueblo hebreo, sino que fueron personas de otras etnias que se convirtieron en algún momento al judaísmo, por lo que el argumento de los sionistas de «el retorno a casa de los desterrados» no puede ser más falso. Vale decir que en la expansión del judaísmo jugó un papel central el «Kaganato jázaro» (618-1048) en el Centro y Este de Europa, y los «pueblos judíos norteafricanos», sobre todo etíopes, en Europa occidental en donde incursionaron como aliados de los musulmanes.
b) El término «semítico» cayó en deshuso por su escaso rigor científico, histórico y lingüístico; en su lugar, se determinó que lo correcto era hablar de «Pueblos de Lenguas Afroasiáticas». No obstante, el término «semítico» pervivió a efecto del supremacismo del Tercer Reich hitleriano. En la actualidad, su uso está determinado por aspectos políticos: «semítico», «antisemítico». Entiéndase que el término «semítico» se refiere a una clasificación lingüística y no de parentesco entre los pueblos considerados semíticos. Esto también fue recogido por Kautsky indicando que:
«Tales lenguas fueron adoptadas por pueblos de la más diversa procedencia, y nadie en la actualidad puede afirmar con certeza qué pueblos y hasta qué punto pertenecen a la rama designada como semita. Por consiguiente, con respecto a la «raza» semita nos encontramos en una total oscuridad». (Karl Kautsky; La nacionalidad moderna, 1887)

